martes, 1 de julio de 2014

ROJO SAN FERMIN




Desde mi balcón aquello parecía una enorme alfombra roja. Pañuelos rojos en alto esperando el momento de la señal, el chupinazo, con el que Pamplona se transformaría durante 9 días. 

Aquella enorme marea humana políglota y cosmopolita agolpada en la plaza del Ayuntamiento aguardaba ansiosa el sonido de los cohetes que junto al ¡Gora San Fermín!, ¡Viva San Fermín!, darían por inauguradas las fiestas. 

Y a las 12 en punto, el mundo cambió. Y San Fermín renació. Todo se tornó entonces aún más rojo. Rojo vida. Rojo como el corazón de los pamploneses y de aquellos que, como yo, asistíamos emocionados a aquella explosión de alegría.


Rojo como el color del vino tinto que baña las calles del casco antiguo pamplonés. 

Rojo como los rostros tensos de los corredores que hacen sus carreras en los encierros. 

Rojo como la sangre de los astados en el albero del coso. 

Rojo como el Ajoarriero y los pimientos del piquillo que meriendan las peñas en los toros. Rojo como las mejillas de los niños al ver desfilar a Gigantes, Kilikis, Zaldikos y Cabezudos. 

Rojo como el manto de San Fermín. Rojo como el escudo de Navarra. Rojo corazón. Rojo pasión. 

Rojo San Fermín. 
                                                                                               
                                                                                        Ana Gamero

miércoles, 4 de junio de 2014

A MIS VÍBORAS FAVORITAS


Hoy os escribo a vosotras, mis Víboras favoritas. A vosotras, que os levantáis cada mañana pensando a quien despellejar. A vosotras, que desayunáis amoniaco mientras inventáis la vida de los demás. Mis queridas Víboras, al fin lo habéis conseguido: Voy a hablar de vosotras.

Y me alegro de hacerlo, porque con ello os saco durante un breve espacio de tiempo de vuestra existencia árida y anodina por la que no pasan más que chacales. 

Tendréis vuestro minuto de gloria. Yo os lo regalo, con este gesto de generosidad y buena pluma que me caracteriza y que tanto os molesta, no sé bien por qué. O será mi capacidad para expresar lo que quiero y además llevarlo a la práctica. Quizá sea mi entusiasmo por hacer cosas nuevas o mis aspiraciones de mujer, que van más allá de tener un bolso de marca o un futuro acomodado. O alomejor es mi forma de vivir mi vida  como quiero.

El caso es que os tengo a todas pendientes, con vuestras largas y afiladas lenguas serpenteando en busca de un nuevo rumor que colgarme a la espalda con aguijones cargados de veneno. Pero si eso os hace felices, mis queridas Víboras, seguid, porque al parecer es la única forma de felicidad que conocéis.

No os preocupéis por mí. Hace tiempo cargué con una mochila al hombro para echar en ella toda la basura y las cosas feas que se dijeran de mí y para vuestra tranquilidad, os diré que aún queda sitio para mucho más. Así que seguid pensando a ver qué nueva maldad maquináis para poder pasar el rato y divertiros. A mí no me importa.

¿Y sabéis por qué?. Porque yo me siento realizada y muy satisfecha conmigo misma y con la mujer que he llegado a ser. Soy libre, en cuerpo y alma, soy independiente, soy segura de mi misma, soy madre, soy amiga, soy Yo, con mis virtudes y también con mis defectos, pero al fin y al cabo yo. Y cuando me miro al espejo, sonrío. Porque me gusta lo que veo.

Hago mi vida e intento no hacer daño a nadie. Río todo lo que puedo y comparto momentos maravillosos con la gente a la que quiero y eso me enriquece aún más como persona. Tengo esa suerte. O me la he labrado, quizás.

Y como además creo poderosamente en el poder de las ONGs, creo que con vosotras hago una buena labor, mis queridas Víboras, porque os mantengo entretenidas y con tema de conversación, para que no penséis en la mierda de vida que realmente tenéis, para que no caigáis en la cuenta de lo vacías que estáis y lo desesperadas que os sentís por no tener la existentica que en el fondo envidiáis.

Y os doy un consejo, que es gratis: Respirad y llenad vuestros pulmones de aire limpio y puro, que repercutirá en vuestra salud física y mental; Reid, no de los demás sino con los demás, es más gratificante; Follad, follad mucho y bien, follad todo lo que podáis porque descargáis adrenalina, mejora el humor, se pierde peso y se realza el cutis, además de sentirse sexy y deseada, lo que ayuda a mejorar la autoestima; y si no tenéis pareja, no importa, os aviso de que existen consoladores a 4 velocidades.

Mirad hacia dentro y tratar de encontraros a vosotras mismas, quizá descubráis que aún hay salvación; y sobre todo, sobre todo mis queridas Víboras, intentad ser felices. Os lo deseo de todo corazón Yo lo soy.a

 
                                               

miércoles, 21 de mayo de 2014

EL CUADRO


No era así cómo ella había imaginado el cuadro. No era así como hubiera plasmado los colores y extendido la paleta por su geografía. No era así. Pero allí estaba. Aquel cuadro que había esbozado, que había soñado lleno de vida y color, no era más que el reflejo de un bodegón, yermo, oscuro y carente de perspectiva y horizonte.



Qué había salido mal?, se preguntaba- Había elegido mal el lienzo? No Había sabido imprimir personalidad a su obra?, Había fallado la amalgama de colores?. Preguntas, preguntas, preguntas.. y todas ellas sin respuesta.

Lo que en su imaginación había sido una explosión de los sentidos, ante sus ojos se presentaba como un triste recuerdo de lo que pudo ser y no fue. Eran demasiados los elementos externos, muchos los materiales que entraban en juego, enormes las barreras pictóricas que había que superar.

Y así, lo que empezó con una vertiginosa expresión de libertad, pasión en cada pincelada y sonrisas que hacían que aquel lienzo se llenara de color, se fue tornando en un trazo lento y agarrotado, temeroso de salirse del marco trazado, comprimido en la gama de colores fríos que a pesar del ardor interno, no conseguían  traspasar el puente del pincel y derramarse cálidos y saturados sobre la tela de aquel rígido lienzo.

La aridez y la sombra se habían hecho presa de aquella obra que pretendía ser única y especial y ya no había marcha atrás. Aquellos colores grises, aquellas sombras adustas ya no se podían borrar. Porque lo que quedarían serían manchas y borrones.

Ella siempre había tenido un gran mundo interior. Su imaginación volaba a lugares nunca explorados y un volcán de sensaciones y sentimientos bullía en su interior. Pintaba la vida de colores, con trazo suelto y pegotones de pintura que sobresalían del cuadro como relieves de un horizonte que en la lejanía aparecía como un paisaje digno de explorar.

Mariposas, arco iris, nubes cargadas de ilusión. Verdes praderas donde retozar acunada por el calor de un sol fulgurante y cálido que la hacía sentirse viva. Pero no contó con el exterior. No había sopesado los efectos de una tormenta ni tampoco del huracán que se llevaría consigo aquellos colores que pugnaban por salir del pincel su mano.

Y en el camino había quedado aquel proyecto que había nacido sobre fondo blanco, que había imaginado como un canto al disfrute de los sentidos y que no había sabido expresar de forma material.

¿Había fallado ella, que buceaba en el cuento de Alicia en el País de las Maravillas? ¿O había fallado el lienzo, tan estático e impenetrable?- O quizá no había fallado nada ni nadie. Sólo era una muestra más de que no siempre se puede pintar la vida como uno quiere, piensa y siente. Una demostración de que no es suficiente con la ilusión y las ganas de pintar.

Toca recoger las brochas, limpiar el estudio y quitarse la bata de pintura alunarada de manchas y colores y sentarse frente a una ventana a reflexionar sobre las dificultades de extrapolar los deseos a la vida real. Es hora del reposo del guerrero. Aunque la lava siga bullendo en el interior.



                                                                                              ANA GAMERO

miércoles, 16 de abril de 2014

EL CUADERNO DE BITÁCORA



Anoche no dormí. Llegué a casa tarde, después de un día entero de trabajo y la posterior salida nocturna. Estaba inquieta y otra vez se había instalado en mi estómago esa sensación tan extraña que me subía a la garganta cual bilis. Quise ignorarla y engañar al sueño, pero no se dejó. Mi cabeza no estaba por la labor de dejarme en paz. Una vuelta, otra y otra más. La noche silenciosa viendo las horas pasar. Quise buscar entonces el motivo de mi desvelo y eh ahí que lo encontré.

Hace algo más de un mes disfruté de un pausado y enriquecedor fin de semana en la sierra gaditana, acompañada de mi fiel amiga, muy dada ella a las técnicas de motivación personal y autoayuda. 

Así, acompañadas por una botella de vino, decidimos iniciar un Cuaderno de Bitácora y para ello elegimos un libro de esos que traen escritos mensajes positivos, frases positivas e ilustraciones coloridas.

Lo primero que hicimos fue titular el libro. Se llamaría el cuaderno de los Quiero. 

Hoja a hoja fuimos describiendo con tinta rosa aquellas cosas que cada una de nosotras quería en su vida y cómo lograrlas. Serían cosas sencillas, nada abstractas, deseos tangibles y alcanzables que solo precisaban de un poco de voluntad para poder hacerse reales.

Quiero viajar más. Quiero dedicar más tiempo a la familia. Quiero cuidarme más. Quiero perdonarme mis fallos. Quiero, Quiero, Quiero…

Aquellos días fueron intensos y muy constructivos. Llegué a casa como nueva, con la sonrisa devuelta al alma y con muchos proyectos por hacer. 

Pero ya se sabe que muchas veces la realidad te devuelve una sonora bofetada cuando menos te lo esperas y el día a día volvió a convertirse en una losa difícil de soportar. Sin embargo, algo había cambiado dentro de mí, no había duda. Mis ideas iban haciéndose un hueco en la maraña de sentimientos y mi voluntad y raciocinio pugnaban ahora por hacerse fuertes.

Porque la evolución del ser humano pasa de forma irrevocable por la razón y hay veces en las que a pesar de las distracciones del alma y del corazón, es ésta la que debe tomar la decisión final. 

A veces no gusta, a veces duele, pero siempre será la mejor elección porque te habla desde la objetividad.

Así que anoche, sin nada mejor que hacer, me puse a dialogar con ella, con mi razón. Dejé de luchar contra ella. La escuché serenamente, atendí sus consejos y vi claramente cuán equivocada estaba cuando me empeñaba en mirar hacia otro lado, en soñar bonito y negar las evidencias. Fantasear no me hacía ningún bien y aunque aquella sonrisa absurda y bobalicona se hacía presa de mis labios cuando dejaba vagar la imaginación, había llegado la hora de abrir los ojos a la realidad.

No quiero decir con esto que cierre la puerta a mi parte sensible, ni mucho menos. Es más, estoy convencida de la necesidad de potenciarla y mimarla, de dejarla sentir pero sin que ello me perjudique. 

Por eso he decidido emprender un proceso de reciclaje personal. He decidido tomar las riendas de mi propio destino, si es que eso es posible; Y para ello, he de empezar a renunciar.

Así, si antes supe plasmar en mi cuaderno aquellos Quiero que deseaba en la vida, ahora le toca el turno a la Renuncia, aunque ésta será una Renuncia bien entendida que me va a llevar hasta lo que yo entiendo por felicidad.

De esta forma, Yo Renuncio a vivir una vida anodina y superficial, marcada por los convencionalismos, prejuicios y el qué dirán.

Yo Renuncio a esconderme, básicamente porque no tengo nada que ocultar. Soy yo, soy libre y quiero pasear bajo el sol y mojarme los pies en el mar. Quiero sentir aire en mis pulmones y gozar de la maravillosa sensación de libertad.

Yo Renuncio a mi zona de confort, porque a pesar de la comodidad de un buen sofá, hay cosas en la vida que superan con creces esa sensación de seguridad. Tener planes para hoy pero no para mañana. Vivir el presente, aquí y ahora. Carpe Diem.

Yo Renuncio a la montaña rusa sensorial. Que si bien es super divertida cuando estas arriba y te aporta una engañosa imagen de poder y de vanidad, es algo más molesta y fastidiosa cuando bajas porque hace que te sientas vulnerable y pequeñita y que no te abandonen las ganas de vomitar. Por eso yo me bajo.

Buscaré otras atracciones menos peligrosas, menos prohibidas, de menor altura  aunque también divertidas. Pueden serlo si sabes disfrutar del viaje, del momento y de la experiencia. 

No hace falta caer sin paracaídas y sin red para pasar un momento glorioso. Lejos de artificios, de luces de colores, de cantos de sirena, de subidas y bajadas y de sensación de adrenalina.

Yo Renuncio a las migajas, a las limosnas, a las falsas apariencias, a mendigar atención. Porque llega un momento en el que te haces dependiente de los demás y dejas de mirarte a ti, con tus alegrías y tus miserias pero al fin y al cabo, tú.

Yo Renuncio a ser presa de la dictadura del móvil y renuncio a esperar, cual reo condenado a muerte, la sentencia final. Un mensaje, un wasap, un correo, una llamada. Esto también va ser que No.

En definitiva, Yo Renuncio a todo aquello que no me haga feliz. Renuncio porque Quiero. 

Y soy bastante exigente con lo que deseo.  Porque me lo merezco. Y porque yo lo valgo!!.

                                                                       ANA GAMERO


lunes, 30 de diciembre de 2013

SALIR DE LA ZONA DE CONFORT



Son tiempos convulsos, tiempos de crisis, tiempos de parálisis. Y todos esos estados  que azotan a nuestra sociedad y nos condicionan día tras día se están empezando a pegar de manera peligrosa a nuestra piel y colándose en nuestros corazones y en nuestras almas como la Nada. Y eso es lo que están creando: La Nada. Oscuridad, silencio, amargura, conformismo, desazón.

Y paradójicamente, algunos llaman a esa sensación Zona de Confort, un lugar en el que encontramos la ficticia seguridad de nuestras vidas, un mullido colchón en el que recostarnos sabiendo que su interior no es lana pura sino 100% sintético.

Y aún así, seguimos amodorrados, aterrorizados ante la simple idea de cambiar de postura, ateridos solo con pensar en modificar nuestros hábitos de vida hecha a medida, planificada y diseñada para garantizar un futuro acomodado a nuestras expectativas y a lo que de nosotros  esperan los demás.

Esa Zona de Confort que nos imbuye acalla conciencias y mata esperanzas, ilusiones y fantasías. No hay lugar para ellas aquí. Amordaza iniciativas, refrena impulsos y aletarga pasiones. Acaba con todo lo que no sea políticamente correcto.

Y funciona, funciona para aquellos que se resignan a vivir una vida inventada. Sirve de airbag para los que no se atreven a ser diferentes y para aquellos que no quieren dar titulares. Va de perlas para los que no quieren complicarse la vida y aceptan su destino carente de autentica felicidad, que disfrazan bajo la apariencia de estabilidad.

Pero solo nosotros somos los dueños de nuestro destino y solo en nuestra mano está cambiarlo. Aunque para ello haga falta un sacrificio. Un terremoto que mueva los pilares sobre los que hemos construido nuestra existencia pseudoperfecta. Hace falta coraje y valor, arrojo y pasión por la vida, por la auténtica vida.

Porque sólo vivimos una vez y emplear nuestro único comodín en una partida insulsa y aburrida, carente de pasión y emociones es como rendirnos antes de empezar, tirar la toalla ante un futuro que puede que sí, puede que no, quizá ofrezca un                                                     sentido a nuestra vida. 

Todo es cuestión de querer jugar con intensidad.

Para eso hace falta escuchar a nuestro corazón. Ese que lucha incansablemente contra la razón, contra lo establecido, contra el status adquirido, contra la estabilidad económica. Ese que siente contra viento y marea, que sonríe ante la sola hipótesis de una vida diferente, aquel que transpira pasión por cambiar las cosas y darles la vuelta. Ese que respira rebeldía.

Solo unos pocos, los más arriesgados y valientes lo lograrán. Saldrán de esa mal llamada Zona de Confort y por fin vivirán. Vivirán la vida que quieren vivir, la real, la de verdad. Habrán dejado en el camino comodidades e imagen pero se habrán ganado, por derecho propio, la vida. Su vida. La que cada uno quiera vivir. Y entonces, lograrán la verdadera felicidad.


                                              (…) “Soy el amo de mi destino
                                                    Soy el capitán de mi alma”
                                                                       
                                                                          William Henley                    




ANA GAMERO.

jueves, 19 de diciembre de 2013

EL VINCULO


Un buen día, Gisela llegó del colegio con una pregunta. Estaba en la edad de plantear cuestiones por doquier y su madre casi siempre salía victoriosa de los interrogatorios. Pero hoy Gisela la esperaba con todo un reto.

-Mamá, ¿ Qué es un vínculo?.Sus grandes ojos verdes la miraban esperando una respuesta, pero ésta no llegaba. La sorpresa inicial había dado paso a una reflexión profunda y a una interiorización de todo aquello para poder dar una explicación que sobrepasara lo abstracto y se situara al nivel del entendimiento de aquella curiosa pequeña de 5 años.

La cogió de la mano y la llevó consigo hasta el mullido sofá. Le indicó que se sentara y la invitó a abrazar un cojín.

-Un vínculo es una conexión, le dijo mientras le acariciaba la cabecita. –Un vínculo es lo que tú y yo tenemos, Gisela, porque entre nosotras existe amor, respeto, cariño, complicidad y comprensión. Todo eso da lugar a un vínculo, o lo que es lo mismo, una sucesión de sentimientos y emociones entre las personas que hace que estas permanezcan siempre unidas.

Gisela intentaba entender, pero el concepto se le escapaba. Su madre volvió a intentarlo.

-Desde el momento en el que supe que estaba embarazada de ti, entre nosotras se creó un vínculo, igual que el cordón umbilical al que permanecimos unidas durante 9 meses. Ese vínculo es tan fuerte que ya nunca se rompe, a pesar del tiempo y la distancia. A pesar de las discusiones que podamos tener o del carácter de cada una. El vínculo es mágico e irrompible.

-Y eso sólo lo tenemos tú y yo, mami?-preguntó Gisela boquiabierta.

-No, hija, el vínculo no es sólo nuestro, sino de todas aquellas personas que abren su corazón a los demás. Es como un lazo invisible que nos une a través del amor, la amistad, el afecto, el compañerismo, la familia y que nos hace sentirnos especiales con la persona con la que lo compartimos.

-Tener un vínculo con alguien es como tener un tesoro, pequeña. Porque nadie puede vivir solo. Necesitamos amar y ser amados. Ser y tener amigos. Buscar y encontrar retazos de nosotros mismos en los demás. 

Una mirada cómplice, unas risas con las amigas, un abrazo sin motivo aparente, una pasión compartida o aficiones en común. 
Todas esas pequeñas cosas hacen que creemos vínculos con el mundo y nos sintamos parte de algo y cercanos a alguien.
Gisela parecía absorta en sus pensamientos, absorbiendo las palabras de su madre, digiriéndolas, reflexionando sobre ellas, porque, a pesar de su corta edad, aquella era una niña especialmente madura, serena y sensitiva.

-Ya nunca se me olvidará lo que es un vínculo, mamá- dijo al poco rato. Porque me lo has explicado tú y porque ahora sé que esto que yo sentía ahora tiene nombre.

- Recuérdalo siempre, mi amor, porque de ello dependerá en gran parte tu felicidad. De establecer vínculos afectivos con las personas que te rodean. Sonreir ante las pequeñas cosas, hacer un guiño a la vida y regalar momentos mágicos a los demás. Y así atesorarás vínculos y experiencias increíbles que te harán una gran persona.

-Mamá, ¿me das un abrazo?...

sábado, 16 de noviembre de 2013

CARPE DIEM by Mara




Todos, absolutamente todos tenemos una historia que contar, una memoria que rescatar, unos recuerdos para no olvidar. Historias de cada día convertidas en pan de oro para quien las ha vivido y atesoradas como vivencias imperecederas. Porque lo vivido siempre deja rastro, en el corazón, en la mente, en la intrahistoria de cada uno de nosotros.

Mara era una mujer tímida y algo apática. Parecía cansada. Sus ojos tristes así lo expresaban y su mirada lánguida delataba que ya no esperaba nada del mundo.

Había sido una buena hija, una ejemplar hermana y una dedicada esposa y madre. Pero de eso hace ya mucho tiempo.

Dejaba pasar los días dedicándose a los demás, afanada en las tareas del hogar y buscando la forma de agradar siempre a los suyos. Siempre preocupada por todos, menos por sí misma.

Y le iba bien. O eso al menos se repetía una y otra vez, aunque las constantes depresiones gritaban a los cuatro vientos que había algo que fallaba en su vida.
Era ella. En el fondo, en lo más recóndito de su alma, sabía que era ella.

Se miraba al espejo y se veía fea. Y cada mañana apreciaba una nueva veta de edad en sus párpados. Ya sólo sonreía en presencia de los demás, para que pareciera que era feliz. Pero no lo era.

Lo supo el día que conoció a aquel policía.

Parada frente al semáforo en rojo, pensando en sus cosas, no se dio apenas cuenta de que la luz había pasado a verde. Sólo el sonido de los cláxones la despertaron de su ensimismamiento. Al avanzar por la avenida, notó que un coche azul oscuro la seguía de cerca. Al principio le bastó con mirar un par de veces por el retrovisor, pero poco a poco, metro a metro, los nervios por la cercana presencia de aquel Audi se empezaron a meter en el estómago. Los vistazos al espejo se multiplicaron y el miedo hizo presa de ella.

No sabía que podía estar pasando, aunque no sin cierta ironía se dijo que al menos eso era algo nuevo en su vida.

Siguiente semáforo. El Audi se coloca a su lado.

No quería ni mirar, parecía que le hubieran puesto un collarín. Pero la curiosidad pudo más que ella. Y volvió la vista.

Fue una auténtica explosión. Sus ojos se cruzaron y ya no se despegaron. Sin mediar palabra, ni una sola sonrisa. Solo una intensa y penetrante mirada que la paralizó y la dejó sin aliento.

Nunca le había pasado nada igual. Nunca un semáforo había tardado tanto en cambiar de color. Nunca había querido permanecer prendida de unos ojos tanto tiempo.

Iniciada la marcha, se sorprendió cambiando su posición. Ahora era ella la que le seguía y él el que miraba por el retrovisor.

El corazón le latía con más fuerza que los caballos que llevaba su coche y su pulso galopaba por caminos que nunca antes había recorrido.

Dejaban atrás el centro y se adentraban en una zona rural, con casas repartidas a ambos lados y junto a ellas, esqueletos de invernaderos que  dejaban ver su pasado glorioso.

Se sorprendió sobremanera cuando comprobó que el vehículo al que sin pensarlo seguía ponía la intermitencia y aminoraba la marcha hasta parar en una zona de descanso. Y entonces cometió la locura. Y su vida cambió para siempre. Ella también paró.

Vio como si de una película se tratara como aquellos ojos tenían piernas que, lentamente, bajaban del coche. Zapatos pulcros, pantalón con raya perfectamente planchada. Fue subiendo con la mirada. Cinturón negro, hebilla plateada. Camisa azul. Puños remangados. Cuello abierto. Se fijó en la hendidura de su garganta y en la piel morena de su rostro. No era guapo. Pero esos ojos…

Inmovil en el coche, vio cómo él se acercaba y se inclinaba hasta situarse a la altura de la ventanilla. Entonces, sonrió…

En aquel momento no lo sabía, ni siquiera lo intuía, pero cuando Mara pulsó el botón que abría el cristal, también destapó la caja de Pandora de su propia vida.

Juntos iniciaron un recorrido extraordinario por los senderos de sus cuerpos.

Al principio, él tomo la iniciativa, ávido de probar los sabores y las esencias de aquella mujer que le había fascinado de un simple vistazo, cuando rodeaba una rotonda con la mirada perdida, ensimismada y como perdida.

Mara, tímida y abigarrada, hacía lo posible por mantener la compostura, evitar que sus piernas temblaran y tratar de no pensar… mente en blanco, mente en blanco… aquello era una locura… mente en blanco… mente en blanco…

El contacto de sus manos hizo el milagro y todo su cuerpo vibró. Se dejó arrastrar por aquella marea de pasión que ni siquiera sabía que existiese. Cerró los ojos y sintió, como hacía mucho tiempo que no sentía. Sentía por ella. Para ella. Y gozó.

Solo más tarde sabría que él era policía. Quizá por eso siempre se sintió segura. La dureza de su profesión contrastaba con la dulzura de sus caricias y el calor de sus palabras, que salían de sus aterciopelados y carnosos labios como piel de melocotón.

Los wasap empezaron a circular, las llamadas se hicieron cada vez más frecuentes y las citas a hurtadillas se convirtieron en ansiadas aventuras con las que salvarse de la monotonía y la cotidianidad.

Y poco a poco, casi sin darse cuenta, su vida dio un giro radical. Ya se asomaba al espejo con otra mirada, volvía a sentirse mujer, querida, deseada.  Cada mañana,  se sorprendía sonriendo sin razón y esos ojos, aquellos ojos otrora desprovistos de luz, empezaron a brillar.

Brillaban mientras hacía las tareas del hogar, porque ahora pensaba en el nuevo reencuentro con aquel hombre que le había devuelto a la mujer que un día fue. Cantaba en el baño como la sirena que él había visto en ella y soñaba. Había vuelto a soñar...

La historia que habían iniciado había prendido en su interior. Ya no era sólo sexo. Y ahí empezaba lo peligroso. Ella se había convertido en su Nena. El en su Cielo.

Aquella señora resignada a pasar el resto de su vida tal y como había planeado dejó paso a la mujer apasionada y valiente que dormía en su interior. Siempre había estado ahí pero las circunstancias la habían aletargado. El la había despertado y ahora ya sería muy difícil volver a dormir a aquella chica valiente. Porque si había algo que ahora tenía claro es que ya no quería volver atrás, costara lo que costara, pagase el precio que pagase. Y no era por El. Lo hacía por ella.

Poco a poco, su familia comenzó a notar ese cambio de actitud, a apreciar su alegría en pequeños detalles. Incluso sus amigas parecieron ponerse de acuerdo para verla más guapa…- Si ellas supieran-, sonreía Mara para sus adentros.

Lejos de complicarle la existencia, que, para que engañarse, se la había complicado, aquella relación furtiva le había devuelto a Mara el respeto a sí misma y le había mostrado el reflejo de su yo verdadero.

Y frente a ese espejo había aparecido la niña sin miedo, la chica alocada que fue, la Mara valiente,  la mujer apasionada que nunca debió dejar de ser.

Entonces, frente al espejo de sí misma, Mara se dijo que aquello había merecido la pena. No importaba cuánto durase. Porque había servido para devolverle la felicidad, por breve que fuera.

Felicidad, qué palabra tan bonita, tan lejana a veces, tan cercana otras. Tanto, que parecía poder tocarla con la yema de los dedos.

No se arrepentía de aquella locura. Se hubiera arrepentido de no haberla hecho. Toda la vida.

Vive el momento. Carpe Diem.


                                                                                  
                                                                      ANA GAMERO