viernes, 11 de octubre de 2013

PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO

   
Ya lo dijo el Ilustre Francisco de Quevedo en uno de sus más conocidos poemas: `Poderoso Caballero es Don Dinero´. Desde

que el insigne escritor del siglo de Oro español plasmara en este poema su crítica satírica a la sociedad del siglo XVI y la reflejara en todos y cada uno de los aspectos de la vida del ser humano, ha llovido mucho.  Y sin embargo, desde que el mundo es mundo, llueve. Y siempre igual para todos.

Y por más paraguas que hayan inventado, nadie se libra de mojarse. El poder del dinero, las ansías por amasar fortuna, la avaricia que lo origina y las nefastas consecuencias que produce han hecho del vil metal la causa de las peores maldades imaginables.

 Por dinero se han cometido asesinatos. Por dinero se han enfrentado naciones. Por dinero se ha vilipendiado, se ha injuriado, se ha traicionado. Por dinero se han matado recuerdos y se han sustituido por monedas. Por dinero se han enterrado sentimientos para resucitar rencores. Por dinero se ha enmascarado la verdad para cubrirla con la careta de la mentira.

Por dinero se han enfrentado familias, padres contra hijos, hermanos contra hermanos, parejas aparentemente bien avenidas. Por dinero se ha olvidado la esencia del ser humano y se ha optado por la materialidad, la superficialidad, la pátina dorada bajo la cual solo existe soledad y podredumbre. Porque el dinero corrompe el alma, aletarga los sentidos, pudre la voluntad y envenena a aquel que lo desea tanto que al final pierde la perspectiva de la realidad para convertirse en un cíclope con vista unidireccional que solo ve dinero y que aplasta a todo aquel que se cruza en su camino.

Muchos de vosotros me diréis… bla,bla,bla…el dinero es necesario. El dinero mueve al mundo. El dinero lo puede todo… pero pensad por un momento en aquellas cosas verdaderamente importantes. Aquellas cosas que nos hacer ser humanos y plenamente felices. Esas no se pueden comprar con dinero.

Un amanecer que anuncia un nuevo día, una playa desierta, el arco iris tras la lluvia, el milagro de la vida, una mirada deseada, el abrazo sincero de un amigo, un Te quiero verdadero, la sonrisa de un niño amado.

Todas esas cosas son gratis y tan sencillas, tan puras, tan básicas que no nos damos cuenta del enorme valor que tienen. El valor más importante, el que más cotiza en el alma del ser humano, la apuesta más segura para ser feliz, el tesoro que nos llevaremos cuando acabe nuestro ciclo de la vida.

Lástima que haya quien elija sacar a bolsa todos estos valores para ganar en acciones monetarias que se quedarán aquí para que otros se lo repartan.  Una verdadera lástima desperdiciar una vida pensando en el tener más que en el ser. 


Porque como suele decirse, el dinero no da la felicidad, ni siquiera se le acerca. 

                                                                                                                             
                                                                                                                               ANA GAMERO

viernes, 20 de septiembre de 2013

Carta de una madre a su hija


Mi querida Niña:

 Cumples 10 años. Tu primera década. Ya eres  mayor. Te estás convirtiendo, poco a poco, día a día, en una preciosa mujercita con un carácter fuerte y una gran personalidad.

Sigues conservando, eso sí, esa mirada limpia y pura, blanca como tu corazón. Decidida y espontánea. Impulsiva e Inteligente. Profunda como tu misma esencia.  Porque tú alma es Grande, Mi Niña. Y no permitas que nunca, nadie, te diga lo contrario.

Ha sido un año difícil, largo y duro, pero tú, con una madurez impropia para tu edad, has estado ahí en todo momento. Asimilando las nuevas circunstancias desde el silencio y la reflexión. Ayudando a tu hermano a entender lo que al mismo tiempo intentabas entender tu misma.

Pero lo hemos conseguido, Mi Niña. Hemos superado los malos tiempos y ahora, con tus recién cumplidos 10 años te toca empezar otra etapa de tu vida. Una etapa que estará plagada de cambios, de sorpresas, de momentos especiales, de cosas maravillosas que te convertirán en una gran mujer.

Parece que fue ayer cuando te cogí en mis brazos por primera vez. Y tu llanto asustado se calmaba al ritmo que escuchabas mi corazón. Siempre tan buena, siempre tan comilona, siempre tan magnífica compañía.

El tiempo ha pasado casi sin darme cuenta y como si de una estrella fugaz se tratara, has surcado los primeros diez años de tu vida a una gran velocidad, dejando una estela de recuerdos imborrables, de estampas únicas, de imágenes que permanecerán por siempre en mi memoria.

Espero haberlo hecho bien durante estos primeros años de tu vida. Dios sabe que lo he intentado y he puesto todo mi amor y mi empeño en ser mamá, algo a lo que nadie te enseña, un temario sin libro de instrucciones que tienes que aprender día a día a base de mucho cariño y aún más esfuerzo y sacrificio. 

Pero los desvelos nocturnos, las preocupaciones, la inquietud ante una fiebre inoportuna, la incertidumbre por tu futuro. Todo eso ha merecido la pena cuando te miro ahora.

Tu seguridad en ti misma, tu desparpajo, tu responsabilidad, son tu sello de identidad. No lo pierdas nunca. Y crece despacio. Tienes, si Dios quiere, toda una vida por delante para vivir intensamente. Pero sabe mejor si la bebes a sorbos, disfrutando de cada momento que te regale el destino. Y ríe, cariño. Ríe mucho. Porque la risa sana las heridas del corazón y alegra el alma.

Sigue siempre tu camino, márcate metas, siempre adelante, siempre con humildad pero con cabeza alta. No pierdas nunca tu corona de princesa. Porque eso es lo que eres, mi princesa. Una princesita de 10 años que pronto será una jovencita que prescindirá del rosa y querrá volar. Y yo estaré ahí para ver tu vuelo, siempre alerta, siempre pendiente, siempre preparada para tenderte los brazos si caes. Las madres somos así. Es algo que viene en el pack.

Yo seré tu madre toda la vida y tú serás mi niña toda la vida. Aunque crezcas, aunque ya no me necesites, yo seré siempre como aquella madre primeriza a la que un 20 de septiembre de 2003 le pusieron a su niña en los brazos.

Sé feliz. Sé muy feliz. Oblígate a serlo, todos los días, aunque el tiempo arrecie y la mar este bravía. Inténtalo con todas tus fuerzas. Porque de ello dependerá el resto de tu vida.

Te quiero. Te quiero como todavía tú no puedes entender. Con fuerza, con pasión, con desesperación. Te quiero porque eres lo mejor que me ha pasado en la vida y porque tú haces que sea mejor persona, consigues que saque fuerzas cuando estas me abandonan y me empujas a seguir adelante, por ti, por nosotras.

Mi deseo para este día de tu cumpleaños: ¡que estemos siempre juntas! , porque Juntas formamos un gran equipo, Mi Niña, mi princesa, mi tesoro.

                                               Te quiero.xxxx

                                                           Mamá.

jueves, 13 de junio de 2013

LA MONEDA DE DOS CARAS


     

Una conocida marca de refrescos ha plantado cara a la marea social en contra de los políticos para plasmar en un anuncio televisivo la otra parte de la historia, esa que habla de personas entregadas, que tienen ideales, que creen que es posible un mundo mejor y  que arriman el hombro para conseguirlo.

Esos que conforman la cruz de esa moneda en la que muchas veces  solo sale la cara de casos de corrupción, de personajes sin escrúpulos que trepan buscando intereses económicos y personales, de aquellos que ocupan las portadas de los medios de comunicación y rellenan páginas y páginas de periódicos con polémicas, idas y venidas a los tribunales y que escandalizan a los hombres y mujeres de bien que cada día nos dejamos la piel para poder subsistir.

Se ha creado una corriente de opinión generalizada que sitúa a los políticos en el ranking de los peor valorados, muchas veces con toda la razón. Pero no debemos olvidar que el hombre en sí mismo es político, porque la política es intrínseca al ser humano como ser social y es la herramienta necesaria para la interrelación y socialización.

Hombre y política han convivido casi desde el inicio de los tiempos, en un intento de buscar fórmulas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y dar solución a sus problemas, si bien, fue en la antigua Grecia cuando la política tuvo su mayor transformación con el nacimiento de la democracia.

Filosofía y política se daban la mano entonces con Platón, quien elaboró el primer tratado sistemático de política y aseguraba que por su formación y elevadas cualidades, los sabios y filósofos están destinados a gobernar y escribía: “El gobernante deberá vivir en colectividades y atender los intereses de la mayoría o pueblo. No tendrá derecho a poseer propiedades, porque la confusión entre intereses públicos y particulares es la principal causa de la degeneración en el poder”. El mensaje no puede ser más actual.

Aristóteles defendería más tarde la propiedad privada y se mostraría convencido de que el hombre sólo puede realizarse en una comunidad política; por eso lo definió como un “animal político”.

Pero no fueron los únicos. Confucio difundía sus ideas acerca del buen gobierno. Entre los deberes de los hombres de gobierno menciona el amar al pueblo y buscar los medios para satisfacer sus necesidades. Junto a él , el filósofo chino, Lao Tse, aconsejaba a las autoridades la mínima intervención en la vida de los pueblos y la moderación en la aplicación de impuestos y reglamentaciones. Más tarde, en el Renacimiento, Maquiavelo escribió su tratado de doctrina política titulado, El Príncipe.

¿Por qué entonces desvirtuar algo tan bello como la política?. ¿Por qué hemos llegado a extremos en los que la política se ha convertido en lugar de en un fin en un burdo medio para muchos a través del cual hacerse rico o sumar influencias?.

Eso no es la política. Esos no son políticos sino farsantes, personajes trileros que roban, engañan y mienten en beneficio propio y que han hecho y están haciendo un enorme daño a la sociedad, que ha dejado de creer, ha dejado de confiar en sus políticos y les ha metido en el mismo saco que a los encantadores de serpientes .

Pero no todos los políticos son así. Aún hay esperanza para la política. Lo sé. Porque todavía hay gente que cree en ella como vehículo para ayudar a los demás. Porque aún hay hombres y mujeres dispuestos a sacrificar sus vidas y sus profesiones por un ideal, que no es otro que hacer de la política lo que siempre fue: un instrumento para servir al pueblo.

Por mi trabajo he conocido a muchos políticos. Y puedo decir que he visto a personajes que se disfrazaban como tal en busca de paga, poder  y posición. Gente sin escrúpulos para los que la ética y el talante democrático dejaba de existir si de ello dependía un sillón. Estúpidos que pensaban que podían engañar al pueblo montando circos y haciéndose pasar por quienes no eran.

Pero también conozco a personas que aman la política en toda su esencia. Hombres y mujeres honestos que ceden su tiempo, su esfera privada, su trabajo y su espacio familiar para servir a los demás. Hombres y mujeres que se levantan, como todos nosotros, a las 7 de la mañana y pasan el día de un lado a otro, con el teléfono que no para de sonar y repleto de mensajes y wasap.

Comen fuera de casa, se enfrentan a mil problemas con optimismo y regresan de noche al hogar cuando sus hijos ya duermen para seguir trabajando, revisando documentos, leyendo informes y respondiendo e-mails hasta altas horas de la madrugada. Esos hombres y mujeres que no tienen horario de entrada y salida, que no pueden organizar un fin de semana, que atienden a los ciudadanos en mitad de la calle, que buscan la manera de ayudarles a solucionar sus problemas sin más recompensa que el servicio a los cuidadanos.

Estos son para mí los héroes de la política, personas de carne y hueso, de la vida real, que ahora parecen ser invisibles para la masa que jalona y golpea a los políticos metiéndolos a todos en el mismo saco.

Y eso no es justo. No es justo para la política. No es justo para los ciudadanos. No es justo para esos valientes que en cada pueblo, en cada ciudad, actúan, reaccionan y se ponen a disposición de sus vecinos para mejorar sus vidas. No es justo para aquellos que sacrifican su Yo por el Vosotros.

Por eso creo que el anuncio de Aquarius nos da un toque de atención y nos invita a mirar hacia ese otro lado de la moneda en la que podremos ver a políticos de raza, con convicciones y principios, con honradez, capacidad de trabajo y sacrificio, que dedican su vida a trabajar por el bien común y que creen en la política como un fin. Solo tenemos que mirar a nuestro alrededor. Están ahí. Y no son pocos.
                                                                                  

                                                                                                                               ANA GAMERO




lunes, 3 de junio de 2013

IN MEMORIAM



Anoche soñé contigo…

Y esta mañana, al despertar, no estabas.


Y la casualidad o no, ha querido que hoy al ojear la prensa lea que el 1 de junio se celebra el Día Internacional de los Supervivientes al Cáncer…pero tú no estás aquí para festejarlo.

La cruel enfermedad no te ha permitido ser parte de esa estadística. Te arrancó de los brazos de tu hija cuando más te necesitaba, te cercenó la ilusión de verla vestida de blanco para su comunión. 


Destino cruel que no te dejó el tiempo necesario para alcanzar el sueño de toda madre y al que tú te agarraste con tanta fuerza que creaste surcos en el hediondo rostro de la muerte.

Su sombra inundó tus pulmones y llevó la negrura a tu cuerpo pero no logró  adentrarse en tu alma. Carmen, Carmen, Carmen… siempre sonriente, siempre positiva, siempre luchadora.

Tu gorrito era el complemento perfecto para un rostro tan sereno y decidido como el tuyo. Y no, Carmen, nunca estabas fea porque era en los peores momentos cuando tu belleza más resplandecía.

En tus ojos siempre hubo esa chispa de vida, en tu sonrisa constante, la dulzura de tu ser. Y aunque tu cuerpo sufriera los desmanes de la enfermedad, tú siempre echabas arrestos para continuar. Porque tenías que seguir luchando hasta el final. Tenías motivos de sobra. Un marido que te adora, un hijo al que sorprender con tus alocadas ideas y una preciosa pelirroja a la que llevar a la iglesia el Día de su Primera Comunión.

Paso a paso, etapa a etapa fuiste sorteando la enfermedad, haciéndole verónicas al toro negro de la muerte… y pensabas, y pensábamos que podrías cortarle las dos orejas y el rabo y salir a hombros de la difícil faena que te había tocado en suerte.  Y entonces podrías brindarnos a todos tu triunfo, porque todos esperábamos con pañuelos blancos para ondear al aire tu victoria frente a la muerte.

Pero no siempre se gana, Carmen. Y cuando ya confiábamos en que podrías lograrlo, la traicionera enfermedad te dio una nueva embestida. Esta vez la cornada fue profunda y tú lo supiste.

Y con una fuerza sobrenatural lo preparaste todo para tu partida, preparaste a los tuyos para lo peor y te encargaste de dejar en nosotros tu risa como último recuerdo. Porque eso sí, ni el dolor, ni el agotamiento, ni siquiera la constancia de que te ibas, pudieron doblegar tu sonrisa, será porque quizás sabías que un angelito te esperaba en el más allá.

Te fuiste un sábado de Pasión, porque toda tú irradiabas esa fuerza apasionada por la vida. Y como  si fuera un designio, una señal divina, te despedimos en Domingo de Resurrección. No había acabado. Tú seguías con nosotros. Lo sabía, lo notaba.

Por eso el día en el que nuestros hijos celebraron la ceremonia del Perdón en el colegio, tú estabas allí. Por eso, el día de la Primera Comunión tú estabas allí, contemplando la bella estampa, atusándole el pelo a tu niña y guiñándonos un ojo a tus amigas. ¡ Lo habías conseguido!. De una forma u otra, habías conseguido estar presente en este día tan especial en el que todas nosotras fuimos también un poco madres de tu niña.

Será por eso que en ese momento nuestras lágrimas al recordarte se mezclaban con sonrisas que intuían lo que estaba pasando. No podías dejar de ser tú la causante de esas sensaciones indescriptibles que todas sentimos y que nos han unido aún más si cabe.

Esa unión quedó plasmada en la postcomunión de nuestros hijos, donde volvimos a sentirte intensamente a través de una lectura en la que nos enviaste un mensaje de tranquilidad: Tú estabas allí, donde quiera que sea, como un precioso y sonriente ángel que nos mira y nos cuida y que vela los sueños de tu niña.

Y  te echamos de menos, ¡claro que te echamos de menos!, en las meriendas, en los cumpleaños, en las comidas del cole… pero ya no estamos tristes. Porque hemos entendido. Y sabemos que no te has ido del todo.


Quédate tranquila. Queda en paz. Nosotros cuidaremos de los que aquí dejaste con tanto pesar y en cada ocasión festiva, brindaremos por tí, por tu saber estar, por tu fuerza, por tu coraje y por tu valentía. Brindaremos por una persona irrepetible que a pesar de sufrir tanto en la vida jamás perdió su sonrisa , que ha sido un modelo a seguir y que nos ha enseñado que el AMOR  verdadero nunca muere.
                                            
                                                                     ¡Va por ti Carmen!.


ANA GAMERO.

lunes, 27 de mayo de 2013

MI PLUMA


La comunicación es algo esencial en la vida del  ser humano, es su forma de conectar con el mundo que le rodea y socializar. Desde los primeros gorjeos, sonrisas y ajos buscamos la conexión con los demás y tratamos de expresar nuestros sentimientos, necesidades y estados de ánimo.

Esa comunicación va evolucionando a medida que crecemos, al igual que los soportes y medios para lograrlo. Porque la necesidad de comunicarnos es infinita e ilimitada durante toda nuestra vida y una herramienta fundamental para la auto-realización personal.

Hay quien encuentra el camino para plasmar su “yo” perfeccionando la comunicación no verbal  a través de la pintura, la escultura, la arquitectura, la alfarería, la fotografía o las manualidades. 

Y hay quien refleja su ser con expresiones tan efímeras y a la vez tan gozosas como la gastronomía y también existen aquellos, que como yo, escupimos en alma a través de la escritura.

No me alcanza la memoria para recordar ese afán mío, más bien la necesidad, de plasmar en una hoja de papel mi esencia.

Primero fueron las poesías, desvencijadas y pueriles sobre un cuaderno azul que adorné con colores. Más tarde llegaron las hojas de papel sueltas y atropelladas como mi adolescencia, en la que cualquier momento era bueno y necesario para dar rienda suelta a la tormenta interior que en mí reinaba.

Diarios secretos, blocs, agendas, incluso las esquinas de los libros que leía en el momento de sentir la urgencia de explotar en letras. Cualquier soporte era apropiado para sacar las palabras que se agolpaban en mi alma.

Y claro, no pude ser otra cosa que Periodista. Lo fui con vocación y por convicción. Y porque no podía, no quería ser nada más que Periodista.

Con mi máquina de escribir a cuestas inicié mis primeras incursiones profesionales en el mundo editorial. Y aquellas teclas… aquellas teclas parecían cobrar vida frente a mí. Y al ritmo del sonido del carrillo llenaban de letras esa hoja de papel vacía y solitaria que ahora, cual mariposa salida de un gusano de seda, era parte de mi ser.

Los tachones y el típex se acabaron con el ordenador, aunque aún guardo con veneración mi primera máquina de escribir. Sigo el mismo método. Abro la página en blanco y la miro. Y entonces, todo fluye. Todo sale. Todo toma forma.

Yo no necesito yoga, ni spas, ni acupuntura. Yo solo preciso escribir. Escribir y liberarme de la carga de sensaciones que inundan mi interior y que cual médico en el siglo de Oro, necesito sangrar y dejar brotar para poder equilibrar mi cuerpo y mi mente.

Es la mejor terapia para buscar en lo más recóndito de mi corazón. Porque escribir es para mí más fácil que hablar y es mi única forma de comunicarme con los demás. Si quieres conocerme, léeme porque  las palabras que salen de mi pluma son genuinamente yo.

Escribo lo que pienso, escribo lo que siento, escribo lo que sueño. Y soy feliz. Porque he encontrado el canal por el que encauzar mi espíritu arrebatado y mis ansias de decir aquellas cosas que no salen de mi garganta.

Quienes me conocen y me quieren me animan a ir más allá. A avanzar en el camino y traspasar las fronteras del artículo sin más para adentrarme en el mundo de la literatura con mayúsculas.

No sé si ese momento ha de llegar, pero como todo en mí, será en el momento menos esperado, el instante en el que ante una hoja blanca comience a brotar una historia del que no aún no sé el argumento ni el final pero que seguro será parte de mí.


ANA GAMERO. 

lunes, 8 de abril de 2013

# YO QUIERO SER COMO PACO



Mis reflexiones comienzan esta vez con preguntas. ¿Qué hacer cuando el velo de la madurez nos impide ver la autentica esencia de la vida?, ¿ Cómo recuperar a ese niño que todos llevamos dentro y que un halo de responsabilidades adquiridas y autoimpuestas nubla nuestra capacidad para ver más allá de lo que aparentemente se presenta ante nuestros ojos?. 


Paco, mi amigo Paco, me ha indicado el camino para hacerlo.


Le conocí hace ya casi diez años. Nuestras miradas se encontraron frente a frente en una aséptica consulta de pediatría en la que el amor irradiaba de dos cochecitos a nuestro lado, donde nuestros bebés apenas habían nacido al mundo. Su mirada hacia ese pequeño, tan pequeño, me cautivó y me hizo saber, casi de inmediato, que este era un tipo muy especial.

El destino y la casualidad quisieron que nuestros hijos coincidieran en la guardería primero y el colegio después. Y fue aquí, pasado el tiempo, donde constaté que mi instinto no me había fallado. Paco era realmente una persona diferente, siempre sonriente, siempre amable, siempre feliz.  Me preguntaba cómo era posible que este hombre nunca tuviera un mal día, nunca una mala palabra, nunca un gesto contrariado. Y un día descubrí su secreto: El trabajaba para ser feliz.

Con la sensibilidad que solo un artista puede tener, con un pincel que plasma un inconmensurable mundo interior, Paco quiso transgredir las leyes que rigen a la sociedad actual y junto a su pintura, se embarcó en un proyecto revolucionario y al mismo tiempo tan simple como la vida misma: La Universidad Emocional, un proyecto que pretende rescatar al hombre de sí mismo y sacarlo de la ruleta de Hamster en la se ha imbuido.

Y es que el ser humano ha perdido en el camino la capacidad para emocionarse, la ilusión por las pequeñas cosas que al final resultan esenciales para encontrar la felicidad, el espíritu libre que hace de los niños esos seres especiales que tanto adoramos.

En nuestro afán por competir, por lograr el éxito, por posicionarnos en los primeros puestos de la sociedad a nivel económico y profesional hemos dejado atrás, muy lejos, demasiado, a esos niños que fuimos un día.

Ya no tenemos la mirada limpia, inocente y tierna de antaño. Y como los niños perdidos de Peter Pan, hemos olvidado la espontaneidad, la fantasía y la capacidad de sorpresa en algún baúl sellado con el lacre de la madurez. 

Los temores se han hecho un hueco en nuestros corazones, el sentido del ridículo se ha apoderado de nosotros y las heridas de guerra provocadas por la vida han dejado cicatrices en nuestra alma.

Los prejuicios han ganado la batalla a la inocencia y la mirada limpia del niño que alguna vez fuimos, la sobriedad se ha impuesto a la frescura y la imaginación y la alegría tiene ya otras prioridades y exigencias.

Por eso somos infelices. Y por eso al recapacitar sobre ello he pensado en Paco. Él es ese niño grande que no ha dejado escapar ni una milésima de todos esos aspectos emocionales que los demás hemos perdido.  No ha permitido que se borren de su vida. Y todos los días se autoimpone como ejercicio no dejar marchar a ese niño. De ahí que sonría siempre, comparta juegos con su hijo y relativice los problemas, porque ni uno solo de ellos merece que perdamos la sonrisa. Quiere seguir siendo el superhéroe de cómic que tanto admira su pequeño y a través de él mostrarle a Curro un mundo diferente.

Paco quiere cambiar el mundo, este rígido mundo en el que lo material ha ganado la partida a la emotividad. Por eso ha creado la Universidad Emocional, para diplomar y licenciar a los adustos y sombríos personajes en los que nos hemos convertido, en esos seres con luz propia, iniciativa, imaginación e ideales que un día fuimos.

La aventura ha calado hondo entre las grandes empresas y ya son muchos los profesionales de éxito y de prestigio los que se ponen en sus manos para recuperar  ese tesoro que se nos fue dado y que nosotros enterramos bajo capas de años coleccionados.

Porque está demostrado que una persona feliz vive mejor, trabaja mejor, comunica mejor, se interrelaciona mejor. ¿Por qué no intentarlo? ¿ Por qué no rebuscar en nuestro interior al niño que perdimos y que tan feliz nos hacía?.

Solo tenemos que intentarlo y ejercitar el rescate cada día.  Los resultados están demostrados y garantizados. La prueba de ello es Paco, que apuesta por un mundo mejor, diferente y más sencillo. Un mundo en el que las emociones marquen la hoja de ruta de cada día y comanden la lista de prioridades de esta loca sociedad. Un mundo en el que nos miremos en los niños y aprendamos de ellos para volver a conquistar la esencia de la vida.
                                                                                                                              

   
                                                                                                                            ANA GAMERO.

martes, 19 de febrero de 2013

LA PRIMAVERA DEL ALMA



Las cajas y los bombos de carnaval quedaron en silencio. Don Carnal da paso a Doña Cuaresma y las cornetas comienzan a afinarse para acompañar a los desfiles procesionales de Semana Santa. El invierno va pasando, dejando tras de sí un rastro de niebla, lluvia y frío. Ese frío que se te mete en los huesos y que te perfora el alma y te hace sentir esa melancolía que no te abandona. Ojos tristes, mirada sin horizonte cubierta por la bruma, paisaje árido y gris. Meses de amaneceres tardíos y anocheceres tempranos. Nubes negras que se instalan en nuestro corazón y no nos dejan ver la luz del sol.

Pero como dice una frase que desde años llevo escrita a fuego en el alma: “Quiero creer en el sol, aún cuando no brilla. En Dios, aún cuando calla”.

Ha sido un invierno duro, plagado de tormentas y aguaceros. Pero todo pasa. Todo llega. Y poco a poco, sin que nos demos cuenta, la claridad dará paso a la oscuridad. Y el campo comenzará a florecer y el cielo volverá a ser azul.

El calor irá templando nuestra alma para que vuelva a recuperar su ser y el arco iris pintará de colores el ambiente para que la mirada ahora perdida vuelva a teñirse de ilusión ante la belleza de la vida.

La primavera está cerca y con ella el milagro de la regeneración. Una estación en la que lo que creíamos muerto vuelve a resurgir y las ilusiones desbaratadas por el frio y la oscuridad regresan con la fuerza con la que brotan las flores en el campo.

La vida se hará paso. La naturaleza nos regalará una nueva oportunidad de ser felices. Y con ella nuestros corazones recuperarán la alegría, la ilusión, la pasión.  Porque la alegría llega bajo el manto de color, la ilusión, con cada brote de trébol de cuatro hojas, la pasión, con la subida de temperatura y el rojo de las amapolas.

El milagro se repetirá y volveremos a sentir que aunque no lo parezca, aún tenemos pulso, ahora lento y tardío pero pulso al fin y al cabo. Y como cuando hay vida hay esperanza, ese palpitar se irá recuperando a sorbos hasta alcanzar el ritmo normal y entonces nuestro corazón volverá a latir acompasadamente.

Llegarán tiempos mejores, estoy segura. Un tiempo en el que las mariposas vuelvan a revolotear a nuestro alrededor. Un tiempo en el que la sonrisa forme parte de nuestro autorretrato, un tiempo en el que la paz interior se  expanda, se funda con el paisaje y encontremos el equilibrio.

Aún nos toca esperar un poco, pero solo un poco, aunque con la certeza de que tiempos mejores llegarán, con el convencimiento de que nuestro ser volverá a sentir lo maravillosa que es la vida, con la esperanza y la ilusión de que un día la lluvia cesará y las flores volverán a abrir sus pétalos primaverales dando la bienvenida a una nueva estación.

Volveremos a empezar. Siempre volver a empezar. Con fuerza, con ansia, con la garra que tenemos los seres humanos para superar la adversidad. Con el convencimiento de que un nuevo día llegará y con él la luz del sol volverá a brillar, los pájaros volverán a trinar y el color inundará la negrura invernal de nuestra alma.

Y mientras tanto, me sentaré a esperar. Me acurrucaré en el brasero y miraré como las lágrimas de lluvia resbalan por la ventana y los truenos y centellas se alejan en la espesura de las nubes. Y estaré atenta a las señales que indiquen que ya es la hora. La hora de salir del caparazón y volver a florecer a la vida, junto con la primavera.

                                                                       ANA GAMERO